Vas de frente,
recto,
con velocidad,
sin vacilar...
más rápido que el cuerpo,
con miedo,
sin pausa para recuperar...
fugaz, en movimiento,
estalla eléctrico,
provoca desde fuera,
sacude por dentro.
uno compra,
y cae...
porque mañana fue ahora,
y hoy te lo estuviste perdiendo...
6 de enero de 2014
12 de diciembre de 2013
Tengo la energía del universo en los puños,
en cada nudillo.
Y voy a pegar, loco,
porque quiero,
así nomás.
Voy a subirme a un ring de estrellas,
sin protector bucal.
Voy a chorearle los anillos a Saturno
y a Orión, el cinturón.
Voy a batirme a doce, a cien o a mil con la que venga,
a bancar.
Porque soy parte de un plan más grande,
uno que nunca termina y que siempre te la manda a guardar.
Voy a llorar, ¡seeeeeeeee!,
porque a veces quiero llorar.
Voy a caer,
a revolcarme,
a implorar por piedad.
Y me voy a levantar una vez más,
porque quiero pelear y porque es,
así nomás.
Porque tengo la energía del universo en los puños,
en cada nudillo,
y ahora me toca pegar.
en cada nudillo.
Y voy a pegar, loco,
porque quiero,
así nomás.
Voy a subirme a un ring de estrellas,
sin protector bucal.
Voy a chorearle los anillos a Saturno
y a Orión, el cinturón.
Voy a batirme a doce, a cien o a mil con la que venga,
a bancar.
Porque soy parte de un plan más grande,
uno que nunca termina y que siempre te la manda a guardar.
Voy a llorar, ¡seeeeeeeee!,
porque a veces quiero llorar.
Voy a caer,
a revolcarme,
a implorar por piedad.
Y me voy a levantar una vez más,
porque quiero pelear y porque es,
así nomás.
Porque tengo la energía del universo en los puños,
en cada nudillo,
y ahora me toca pegar.
11 de diciembre de 2013
27 de noviembre de 2013
Esperando el bondi,
en once.
Son las 6.
Una buena balada romántica en el auricular y unas
incontenibles ganas de escupir…
¿Qué te pasa con mi música, guacho?
El 68 arranca, enfila, ahí viene…
Corto, no pedalea…
Entonces me agarra la bronca, el ansioso…
Quiero correr a casa, pero torpe, tropiezo…
Frágil, me quiebro al primer peso.
Amanece allá atrás, al fondo, por Corrientes.
Pega el sol como pescado.
Abro la ventanilla, escupo y chupame bien un huevo…
Yo soy de la noche, la concha de tu madre, aunque esté
volviendo…
4 de noviembre de 2011
El romance cósmico
Si soltás,
si te vas,
si abandonás un toque el cuerpo,
un día vas a ver,
que girás al revés,
que hay tiempo para perder,
que le podés ganar al tiempo,
robarle al menos un buen cuento,
lo estás escribiendo,
sinfín, sin comienzo,
y en medio,
con algo de fe,
todo es un buen "tal vez"...
A Martín Iriarte (iriartin.blogspot.com/)
16 de noviembre de 2010
¡Una vez más!
Están repitiendo en la tele el último video del nuevo cantante de turno,
un guacho prolijamente despeinado, bien parecido,
que aparenta tener mundo.
¡Una vez más!
Es su primer éxito,
y con él se recibió de artista consagrado,
tiene el diploma en su habitación,
arriba de la cama, colgado.
¡Una vez más!
Suena bien,
se mueve bien,
tan perfecto que no parece humano,
luce unos jeans nuevos y limpios,
pero desgastados,
y está pensando en lanzar su fragancia al mercado.
¡Una vez más!
Las chicas mueren por su barba de dos días,
su cara de trasnochado,
su desinterés interesado,
su rebeldía contenida .
¡Una vez más!
Los chicos lo detestan, lo odian, lo critican,
pero más de uno lo ha cantado en la ducha,
o lo ha bailado en la soledad de su cuarto.
¡Una vez más!
Hay muñecos con su cara,
hay gel con su nombre, para el cabello,
hay discos en colaboración con otros artistas del momento,
y hasta toallitas femeninas perfumadas con el sudor de su último concierto.
¡Una vez más!
Están pasando en la radio el tema nuevo del próximo cantante de turno,
que pronto tomará el escenario de su ídolo, que ya está viejo.
¡Una vez más!
Artistas de medio tiempo.
1 de agosto de 2010
10 de julio de 2010
Volvió a aparecer. Hace mucho que no venía y ya lo estaba extrañando. Siempre vuelve. Siempre está guardado y cada tanto asoma para que no olvide que existe.
Una terraza de tres por tres, vista desde el cielo. Piso veintiuno de un edificio blanco, gastado. Baldosas terracota, sin baranda o escalón, con división color negra.
El vacío está alrededor. Tres laterales se amigan con la nada misma, mientras que el otro, sin
balcones, baja hasta desplomarse contra la vereda. Ahí nomás descansan dos autos: uno es rojo y el otro celeste. No
sé de qué marca o modelo son, se ven chiquitos, ínfimos. No hay tránsito. Ni siquiera un viejo sin algo para hacer o un pibe pateando una bocha de papel.
La pizzería tiene la cortina baja. El kiosco también. Sopla pobre el viento y lento mueve a cinco nubes fofas. No hace calor, tampoco frío. Parecen... no sé, las seis de un día de otoño, supongo.
Ahí estoy, revolcándome en las baldosas terracota, desbordado por la lentitud de esas nubes gordas que no sé adónde van ni para qué.
Me olvidé el reloj, la billetera y el celular en algún lado que no recuerdo, porque nunca tuve antes. Tampoco sé cómo llegué ahí, arriba. No recuerdo ascensor o escalera, ni pasillos o puertas. La única posta es que el abismo está a dos Adidas SL-72 y que las alturas me hacen bajar el guapo y mascar saliva.
Giro el cuerpo. Apoyo el mentón en una baldosa, me arrastro por el piso, hasta el límite, y asomo al precipicio: los dos autos que están abajo se parecen zarpado a los de colección que me regalaron para mi cumpleaños de cinco.
La pizzería tiene la cortina baja. El kiosco también. Sopla pobre el viento y lento mueve a cinco nubes fofas. No hace calor, tampoco frío. Parecen... no sé, las seis de un día de otoño, supongo.
Ahí estoy, revolcándome en las baldosas terracota, desbordado por la lentitud de esas nubes gordas que no sé adónde van ni para qué.
Me olvidé el reloj, la billetera y el celular en algún lado que no recuerdo, porque nunca tuve antes. Tampoco sé cómo llegué ahí, arriba. No recuerdo ascensor o escalera, ni pasillos o puertas. La única posta es que el abismo está a dos Adidas SL-72 y que las alturas me hacen bajar el guapo y mascar saliva.
Giro el cuerpo. Apoyo el mentón en una baldosa, me arrastro por el piso, hasta el límite, y asomo al precipicio: los dos autos que están abajo se parecen zarpado a los de colección que me regalaron para mi cumpleaños de cinco.
Respiro rápido y se me filtra algo de angustia. Media vuelta, de cagón, y a fijar la mirada en el cielo con la espalda sobre el terracota. Inspiro. Vuelve el alivio de lo quieto. Vuelvo a seguro. Me siento seguro. Tanto que canchereo una sonrisa. Y mientras río el piso vibra y se achica. Con cada carcajada se va un hilera de baldosas. Reboto. Se va la mueca y soy pálido. Resbalo con miedo, hacia el precipicio.
Es una caída libre zarpada en prolija. A pique, de bruces. Grito y bombeo sangre. Rasguño el aire buscando un algo para agarrar, un seguro, pero nada.
Adelanto e imagino el ruido rígido de Nicolás contra el pavimento. Escucho el "pafff!", seco, del aterrizaje. "Al menos no voy tener que ir al trabajo", pienso en media décima de segundo.
Conmigo se va la distancia y todo lo que siempre quise. "Me hubiera gustado hacer tantas cosas", lamento en otra media décima. Empiezo a hacerme la idea del fin, del velorio en la casa de mis viejos en la que despedimos a todos mis abuelos. Imagino los abrazos truchos, flácidos; los fingidos deseos de pésame; las caras lloronas de los primos que asisten aunque no los veo desde la caída del imperio de mi tía abuela, esa que nos regaló todo y que luego nos hizo pelear por herencia.
Adelanto e imagino el ruido rígido de Nicolás contra el pavimento. Escucho el "pafff!", seco, del aterrizaje. "Al menos no voy tener que ir al trabajo", pienso en media décima de segundo.
Conmigo se va la distancia y todo lo que siempre quise. "Me hubiera gustado hacer tantas cosas", lamento en otra media décima. Empiezo a hacerme la idea del fin, del velorio en la casa de mis viejos en la que despedimos a todos mis abuelos. Imagino los abrazos truchos, flácidos; los fingidos deseos de pésame; las caras lloronas de los primos que asisten aunque no los veo desde la caída del imperio de mi tía abuela, esa que nos regaló todo y que luego nos hizo pelear por herencia.
Falta poco, menos. La calle está más cerca que nunca. Tan cerca que me doy por vencido. Suelto todo y a la mierda. ¡Listoooo!. Se van los cientos de discos; los libros; las fotos de las vacaciones de pendejo en la puerta; las botas con la tierra roja de Misiones; las cajas con los souvenirs de los viajes; las películas; los amigos de mierda; los queridos... "Y ahora que soy liviano que venga. Quiero hacerme crack enterito, bien hecho mierda". Pero la piña no llega. Le grito "¡Vení!" como invitándola a boxear, pero no viene. Nunca. Yo que estaba tan listo para que duela, pero ni mierda, no llega y ahora quiero, pero no entiendo.
Entonces giro y veo como dos brazos de asfalto se asoman del pavimento, abiertos, esperándome, como una cuna. Me atajan, me cubren de gris y soy látex de alquitrán.
La piña es agradable, calurosa. Tanto que me quiero quedar ahí, al menos por unas décimas, para ordenar.
La calle amortigua el encontronazo y me siento amado. Le digo que la quiero, pero le importa un huevo. Me descarta como a un volante, no le intereso. Me devuelve entero e intacto a la superficie. Me regala un beso frío e intenso y se vuelve para adentro, cierra la alcantarilla. Entonces, la soledad. La nada de la ciudad y yo, juntos, como siempre, tan juntos y tan distantes al mismo tiempo.
Entonces giro y veo como dos brazos de asfalto se asoman del pavimento, abiertos, esperándome, como una cuna. Me atajan, me cubren de gris y soy látex de alquitrán.
La piña es agradable, calurosa. Tanto que me quiero quedar ahí, al menos por unas décimas, para ordenar.
La calle amortigua el encontronazo y me siento amado. Le digo que la quiero, pero le importa un huevo. Me descarta como a un volante, no le intereso. Me devuelve entero e intacto a la superficie. Me regala un beso frío e intenso y se vuelve para adentro, cierra la alcantarilla. Entonces, la soledad. La nada de la ciudad y yo, juntos, como siempre, tan juntos y tan distantes al mismo tiempo.
Estoy de pie, en medio del auto rojo y del celeste. Son dos Ford Falcon Deluxe 3.0, como los que tenía mi viejo cuando era pendejo. Tengo frío. Llueve. Las gotas caen como avispas y pican. Miro hacia arriba y veo como se agitan los faroles que cuelgan de los cables. Miro para abajo y veo como mi sombra pega la vuelta en la esquina.
Pongo las manos en los bolsillos, sin mirar atrás, y le meto marcha a mis Adidas. Hago dos pasos, hecho un bostezo. Doblo en la esquina. A la media cuadra estoy despierto...
Pongo las manos en los bolsillos, sin mirar atrás, y le meto marcha a mis Adidas. Hago dos pasos, hecho un bostezo. Doblo en la esquina. A la media cuadra estoy despierto...
6 de julio de 2010
Los hijos de ahora
Así somos. Tenemos pavor a lo nuevo y desconocido (pero luego nos acostumbramos). Guapos para las palabras, torpes para los actos. La fantasía mete prisa y siempre nos presagia un cielo de fracasos. Los días huyen de nuestros corazones, y hace varios otoños que no cae un amor fresco que nos derrote. Todo eso que nos rodea está flotando, pero tenemos miedo a tomarlo.
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