Me aquietó tu inmensidad,
tu efervescencia.
Sin darme cuenta dejé el diminuto dibujo de mi pasado en tu arena,
y me despedí,
hasta una vuelta que ansío pronta sea.
Ahora, con tanto horizonte de por medio,
mi recuerdo es tu ola que muere en espuma,
y el futuro es la cresta que se levanta detrás de ti,
mi amigo,
reflexivo,
en ti descansa el tiempo,
el azul y verde silente,
el fragor de tus rompientes,
el frío de agua ardiente que contra el suelo se arroja,
sin oposición, pero con motivo.
Espero que volvamos a vernos,
mi amigo,
y me estreches con tu abrazo puro.