6 de julio de 2010
Los hijos de ahora
Así somos. Tenemos pavor a lo nuevo y desconocido (pero luego nos acostumbramos). Guapos para las palabras, torpes para los actos. La fantasía mete prisa y siempre nos presagia un cielo de fracasos. Los días huyen de nuestros corazones, y hace varios otoños que no cae un amor fresco que nos derrote. Todo eso que nos rodea está flotando, pero tenemos miedo a tomarlo.
29 de junio de 2010
Sobre el amor en la Ciudad de Buenos Aires
Ayer, en el andén del subte, por la tarde, al salir del trabajo, vi como un hombre rompía a una mujer. Le arrojó un puñado de palabras con la mano derecha, como si las hubiera dejado escapar de un cubilete. Luego jugó su frase, dio media vuelta y se largó, refugiándose en su nuca, su capote negro y sus auriculares blancos. Ella, embotada en un gamulán color miel, dejó caer los brazos y las palmas de sus manos, tal vez acompañando un "¿por qué?" resignado.
El muchacho ya se había decidido y ni siquiera los molinetes antiguos pudieron frenarle el paso o virarle la mirada.
Arribó el coche, azul, como todos los días. Ella se quedó un instante viendo las ventanas vacías, pero sin mirarlas, como quien encuentra el abrazo cálido en una columna o un matafuego. Una lágrima comenzó a resbalar por su pómulo derecho y ella acudió con la yema del índice izquierdo a salvarla, a disimularla. El tren paró, se abrieron las puertas. Entró, siguiendo la tropilla que vuelve a casa, y se quedó parada, aferrada a un pasamano, aunque había asientos libres. Pensé: ¡qué desdicha esto del amor en la ciudad: quien lo tiene lo desprecia, y quien lo ansía no lo encuentra!.
Arribó el coche, azul, como todos los días. Ella se quedó un instante viendo las ventanas vacías, pero sin mirarlas, como quien encuentra el abrazo cálido en una columna o un matafuego. Una lágrima comenzó a resbalar por su pómulo derecho y ella acudió con la yema del índice izquierdo a salvarla, a disimularla. El tren paró, se abrieron las puertas. Entró, siguiendo la tropilla que vuelve a casa, y se quedó parada, aferrada a un pasamano, aunque había asientos libres. Pensé: ¡qué desdicha esto del amor en la ciudad: quien lo tiene lo desprecia, y quien lo ansía no lo encuentra!.
22 de abril de 2010
1 de septiembre de 2009
22 de marzo de 2009
Busca
¿Volver?
Ni siquiera me propongo ir.
Mi cualidad es destruir,
imaginar el fin,
y detrás,
y detrás,
el sosiego.
Aguardo en un desierto,
me abandono,
dejo que el tiempo decline
y retorno de algo a la que nunca he ido.
Así, creo,
torpe del destino,
busco.
10 de marzo de 2009
18 de diciembre de 2008
16 de septiembre de 2008
Postal
Hay una cebra,
tendida sobre el pavimento,
leones la atropellaron,
amarillos y negros.
Lombrices afloran,
desde el subsuelo,
cuervos migran satisfechos,
entre rascacielos.
Sapos fumones tosen,
exhalan,
arañas tejen sus redes,
señuelo,
jirafas titilan ojos rojos,
simios se insultan,
y mueren de celo.
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